La Tara Boxeadora

Un poco de mi historia

La historia, dicen, que va a depender de quién la cuenta, porque lo hace desde una impresión. Pero puedo empezar con los hechos. Los irrefutables.

Nací en Caracas, la capital de Venezuela, la noche del 11 de enero del año1979 en el hospital de El Algodonal en Antímano.


 Me imagino que a los llantos míos le hacían coro algunos tiros de pistola en el cerro, porque Antímano se cuenta como una zona peligrosa.


Hablé y caminé temprano, y desde entonces no me callé ni me detuve. El cuento dice que mis primeras palabras fueron ¡Cielito Lindo! de la conocida ranchera mexicana. Hubo quienes dijeron “no vuela porque no tiene alas” y en esa apreciación, lo de la percepción.

A veces pienso si, mi entrada al mundo en ese hospital, ese punto de partida, esa etiqueta en la manito, así, de plástico, con mi peso, mi talla, la hora de mi nacimiento, y por supuesto mi nombre, que en ese momento fue "Flor María",(después al tiempo me cambiaron el Marií por Maritza, que es lo mismo pero más "exótico" y el nombre de mi mamá), escrito a mano en bolígrafo negro, sería la razón de que, a pesar de que mi linaje es llanero, casi rancio, nacer en el corazón de la violenta Caracas, me hace caraqueña hasta la médula, pero con las alpargatas bien puestas, porque mi linaje es rancio llanero. 

Mi nana fueron los 80`s por un lado, nacer en un país petrolero inmensamente rico, que se gastaba el dinero a manos llenas, sin medida, con una democracia muy joven y muy demagoga que también andaba con la melena suelta y mi noviecito fueron los 90s, con los CD y las patinetas y patines en linea, la TV  por cable y las series de Warner y el desate de las fiestas Rave y del éxtasis y el crack, la playita y el cine, las fiestas inmensas en la playa y el rock en español. La libertad total y con ella la Universidad.

Mis estudios universitarios fueron así, comencé por Ciencias Sociales a los 16 en la Universidad Católica Andrés Bello. Allí me destaqué en Filosofía, Sociología e Historia Económica y Social y me encantó macro-economía, aunque mis notas no fueron buenas, de hecho esa fue la razón por la que me botaron de la facultad. Los números me encantan pero no podía con las gráficas.

Me fui a Oriente, a Isla de Margarita a estudiar Turismo. Lo disfruté y me dolió en el alma cuando dejé la isla, pero Caracas quería que volviera. Y comencé finalmente el periodismo.

La llamada del deber se encendió en esos nubarrones de desastres naturales dudas e incertidumbres de 1999, pero era como una "bati-señal" en el corazón que me obligó a saltar a la vida pública y la televisión.

Empecé la carrera de periodismo en la Universidad Santa María en el año 2000. La facultad acababa de abrir, justo en la plena convulsión de un nuevo presidente por el que nunca voté, dicho sea de paso.

En ese período tenía 22 años, nunca me gustó esa universidad, pero gracias a esos estudios pude contar la historia diaria de mi país, por medios internacionales.

Aunque mi sueño era tener una columna en El Universal, un diario local que ya no existe. También escribir en la National Geographic, (que todavía estoy a tiempo). A pesar de mi amor por las letras, fue la televisión la que me atrapó hasta que emigré un 23 de enero con destinos a China. Algunos venezolanos recordaran el slogan "Chavez ama a Mao"

Compré el boleto el 23 de enero, que es una fecha emblemática en la historia contemporánea de Venezuela, a propósito, para jurar que volvería cuando mi país estuviera en libertad de nuevo. Eso fue en 2008, sigo esperando.  

Mi último reportaje como corresponsal en Venezuela fue el cambio de la moneda, el 8 de enero de 2008. Lo hice entendiendo que era la entrada de la corrupción más desmedida y despiadada que se haya visto jamás. Y con ella, el desplome de una economía y de una sociedad que no volvería a ser la misma.

Pienso que será mejor, después del régimen, pero la que yo dejé, nunca más.

En China no pude ser periodista punto. Una amiga china, reportera,  me dijo que no valía la pena ir a la cárcel.  Y no me arrepiento porque hice la inmersión cultural allá. Conocí la cultura como una común y no con los ojos cínicos de la prensa. Eran vidas e historias personales, con las que me topé, no un minuto y medio de cortos diálogos e imágenes editadas. 

Me perdí tantas veces en Shanghai, me encantaba perderme en la ciudad. ¿Qué hice allá? Estudié Mandarin en la Universidad de FUDAN. Traduje un libro al español, estaba en inglés ¡claro! Trabajé en tele mercado llamando a México y fue muy divertido. Edité por poco tiempo una revista en español, fui coordinadora de la Organización de las Mujeres Latinas en Shanghai, di clases de inglés a grupos de chinos y fui preparadora de estudiantes de intercambio que venían de Korea en mi universidad. 

Nada de eso me dio una credencial o un papel, pero me dio experiencia y me dio vida, crecimiento. Nadie me quita lo bailao´como quien dice.

Después vino Singapur. Era otro mundo. Como una moneda con la misma cara a cada lado. 

Singapur fue en 2010 y 2011, un par de años difíciles personalmente, a los que Lois aires tropicales y especiados ayudaron bastante, así como el orden y la cierta monotonía. La Tara boxeadora, (Mantis), así me decía mi hermano, el piloto que se convirtió en libélula por esos años.


En Singapur volví a rezar, y con esas oraciones lluvias torrenciales y huracanadas de bendiciones. En Singapur tuve hermanas, y el amor familiar que necesitaba. 


Desarrollé Asia Latina, un proyecto de una revista online de la que no quedaron vestigios, solamente algunos escritos y el recuerdo de lo bien que me la pasé.

No creció ese proyecto porque en 2012 llegué a Noruega a Oslo.

Del trópico al hielo. Pisé Oslo en enero y ese año fue increíblemente helado. Pero siempre con ganas de aprender y crecer. A penas llegar, me hice voluntaria por un año de la organización Caritas y también serví para una parroquia de la Iglesia Católica a la que pertenezco y donde sigo aportando la mano extra.

Estudié el idioma noruego y aprendí de las maneras de los nórdicos. Me sentí muchas veces como si vivía en la casa de la señorita Rottenmeier, por no tener una referencia de otro personaje similar local.


¡Esto es Noruega! Te dicen, con un tonito y hace que te pongas derechita, aunque por dentro soltando improperios y el malandreo en buen caraqueño.

Me he metido dentro de la cultura de aquí para conocerla, y poco a poco, algo ha permeado en mí. Y es bonito de vez en cuando encontrar pertenencia. Sin embargo, me fue más fácil adaptarme a China que a Noruega. 

Me encantó experimentar la radio, comencé con Reporte Global, un programa de economía, donde hice de corresponsal de Europa, todo un reto.


Primero porque tenia tiempo fuera del ámbito noticioso y segundo porque era de economía. Y descubrí que me encantó entrar en la fuente económica. Los mercados bursátiles y la banca pública y privada. Los indicadores, temas súper fascinantes.


Fundé una pequeña empresa de comunicaciones y asesoría de medios, y soy miembro de la directiva de la Asociación de la Prensa Extranjera en Noruega. Publiqué un ensayo en un libro noruego de religión y sociedad.

En 2017 me diagnosticaron fibromialgia, una condición autoinmune que es difícil de explicar pero aún más difícil de entender para los que no la padecen. Pero es tan real como que la tierra es ovalada y achatada en los polos. Aunque los médicos la desdeñen. Para mí el concepto se parece a la pobreza, se pueden solidarizar con ella, pero solamente el pobre sabe lo que es serlo.

Puedes tratar de ignorar que la padeces, pero no se tapa el sol con un dedo. 


Entonces me dije: Y si tengo que desacelerar el paso, es porque es el momento de escribir. Como un torrente salieron las letras y de ahí este nuevo capítulo, La Hoja.


Cuentos infantiles, cuentos cortos, novelas, canciones y por supuesto, noticias.

Porque también subí muchas montañas, literalmente y vi muchas hojas en contra luz. Y vi mi pequeñez más de cerca.


Al principio de mi nota biográfica dije que, la historia va a depender de quién la cuente, y es porque al final, ningún mortal tiene la verdad en la mano.

Entonces la invitación es para que sigas mi blog, donde escribo esa verdad que hay en mí, y entonces tú ya te harás tu versión por tu propia cuenta.