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  • Flor Santamaría-Kovacs

Me sorprenden los días. Reflexión.

Después de muchos meses, por fin puedo tomar un vuelo. A Portugal, dice mi boleto, pero ¿realmente voy allí o empiezo un nuevo periplo en el ciclo de mi vida?

Ya antes había viajado a ese país, en varias ocasiones, pero yo he cambiado. Desde la primera vez hasta hoy, se ha venido rasgando la cáscara de mi alma que había quedado atrapada, cuando mi cuerpo comenzó a acrecer y a amontonar pilas y pilas de conceptos, de opiniones y de fotografías de momentos interrumpidos de otras personas.


Un rompecabezas, con la foto del cielo despejado, y todas las piezas azules. Del mismo tono, como el de Portugal.

Cualquiera comienza a colocar las piezas al azar, total, se ve todo igual.

Pero romper con el orden de la imagen perfecta trae consecuencias igual de imperceptibles, hasta que, en vez de un cielo amplio, la foto refleja un "azul infernal".


¿Pero cómo? ¿Y, por qué sucede eso? ¿Y en qué momento? ¡No ha sido intencional!

¿De verdad?


Pienso que todo empieza en el vientre, quizás antes, pero no me voy a meter con creencias ajenas, así que voy a acortarlo a como lo veo yo, en base a las mías.

La mamá desde que se entera que lleva un ser que se forma en su vientre, en la mayoría de los casos, siente angustia. Sea joven o vieja la madre.


Luego, el ser sigue creciendo, y con su crecimiento, viene a pensar en el coche, en la cuna, en la ropa, la canastilla, el juego de cuarto, la fiesta de Pikachú del primer año. Y hasta qué va a estudiar y a dónde.


Planificar un poco está bien, pero, ese ser que es conexión directa de tu ser, se nutre de esa angustia. Se nutre de una sustancia que naturalmente no debería beber. Es veneno.


Sin embargo, es la naturaleza humana. Necesitamos un cuerpo, por lo tanto, ha de beberlo. ¿Tal vez un tema de inmunidad? Puede ser que ese primer trago de angustia le cree anticuerpos. O es el hilo invisible que nos irá atando toda la vida, hasta enrollarnos en un capullo, hasta la muerte. La esperanza es que luego o quedaremos momificados, o nos volveremos mariposas de colores, para volar a ese cielo eterno.


Pero sigo, me salté un montón de pensamientos.


Al nacer el ser en cuestión, (seas tú o yo, o cualquiera),no ha terminado de romper la fuente cuando yo las abuelas están llenándose de ideas de cómo ha de crecer y cómo se han de criar. Y para completar, los padres se dejan orientar por el gurú de moda y no le dan la sustancia abundante de su instinto, que es el verdadero amor.


-No estoy diciendo que los padres, no le den amor, pero no el suficiente instinto del amor, porque desconfían de sí mismos. Entonces se llenan de estímulos invasores. Nadie va a amar a esa cosita más que tú. Ni el gurú de moda, ni nadie.


Menos mal que, al menos, algunos llegan a mamar de la leche de la madre. Aunque sea un mes. Por la razón que sea. Hablo de mí.


A penas aprendió el pequeño ser a caminar, hablar y torpemente contener sus esfínteres cuando ya salió a la calle. Ya quedó a merced del mundo.

Pero es que si no tuvo un nido. En esta imagen veo a todos los seres.

Los de ayer, los de hoy y muy posiblemente los de mañana. No hay culpables en mi reflexión. Es lo que hay. Y no incluyo las tragedias sociales porque no se trata de eso la reflexión. Es el rompecabezas.


Estaba leyendo a Agustín de Hipona, santo del cristianismo, y, contaba cómo fue su niñez y su juventud, hasta que decidió detenerse y colocar las piezas del rompecabezas donde iban.


Hay un llamado profundo a hacerlo, un llamado a completar el rompecabezas original, el designado para cada uno, pero estamos tan acostumbrados al «pop art» de la vida cotidiana que poco caso hacemos y en la onda del "fast food vivir", nos perdemos de unas cuantas piezas. Total, todo se ve igual. Venga ya, vamos a ver un meme. Que viene siendo como "el traguito" virtual de la noche para matar la pena que me agobia, y así me río. He estado ahí, tantas veces.




Sin embargo, la esperanza está siempre viva, como las flores. Y habremos de recordar que hay algunos que están, ¿o estamos? hechos para ser una imagen renacentista. O tan hermosa y trabajada, como un David de Miguel Angel.





Nota: No soy madre, pero observo las cosas de la vida humana y de la mía y amo esa vida humana.

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